Detalle de uno de los trapiches de la bodega.
Una de las ventanas con la herrería característica
Detalle del campanario
Joya en las alturas.
1762, grabado en piedra sapo.
Galería de la Estancia Jesús María (Planta baja).
Panorámica del Patio
Los arcos
Cúpula y espadaña
Arcadas.
Panorámica de la Iglesia. Al costado, el cementerio.
Ingreso a la Estancia de Caroya.
Portón de ingreso.
Aljibe visto desde la reja.
Vista del patio y la galería.
La histórica galería.
viernes, 4 de febrero de 2011
jueves, 3 de febrero de 2011
A la vera del Camino Real
Pasó un tiempo, es verdad. Vinieron las fiestas, los agasajos de fin de año y el blog quedó un tanto abandonado. Nos propusimos empezar el año con un viaje a dos lugares emblemáticos, plenos de sabor jesuítico: las estancias de Caroya y Jesús María.
Construidas a lo largo del siglo XVII y XVIII, se convirtieron (junto con la Candelaria, Santa Catalina, Alta Gracia y San Ignacio de los Ejercicios, hoy casi desaparecida) en la base económica de la orden de Loyola en estas tierras. Para 1613, los jesuitas tenían instalada una Universidad y era necesario mantenerla. Para ello adquirieron establecimientos rurales (algunas veces mediante la compra, otras, mediante donaciones).
Caroya
La estancia de Caroya fue la primera estancia fundada por los padres de la Compañía. Fue adquirida en 1616 y en 1624 lograron expandirse gracias a lo que se denominaba "Merced de Tierra", es decir, una especie de donación (aprobada por las autoridades) de terreno que se otorgaba a ciertas personas o instituciones religiosas que debían probar honradez y valores de buen cristiano. En 1661, debido a problemas financieros y de manejo de la estancia, fue vendida al Presbítero Ignacio Duarte y Quirós, quien al poco tiempo después (en 1687) decidió donar el establecimiento para el sostenimiento del Colegio de Nuestra Señora de Monserrat del cual fue su fundador.
Casualmente, el día en que visitamos la casa de Caroya (2 de febrero) se cumplían 308 años del fallecimiento de Duarte y Quirós (2 de febrero de 1703).
Caroya es un lugar simple. Es una estancia rústica, despojada, sobre todo su capilla, que se conserva tal como fue proyectada en el s XVII, con paredes de piedra, dinteles de quebracho, herrería artesanal y muy poca decoración (la cual no es la misma que al momento de la expulsión). El patio central es de líneas puras, decididamente colonial, con un aljibe en el centro y con paredes de un blanco inmaculado que hacen juego con los tirantes de madera del techo. Las tejas musleras, los ruidos, el crugido de la madera y el olor a lo añejo completan el escenario y nos transportan.
Siguiendo a algunos autores, al momento de la expulsión, la Estancia contaba con 164 esclavos negros, 900 cabezas de ganado vacuno y algunos equinos (datos extraídos del libro "El legado de los Jesuitas en Córdoba".La Voz del Interior.2000).
A principios del SXIX el establecimiento pasó a convertirse en la primera fábrica de armas blancas (espadas, sables y bayonetas) del país, suministrando material armamentístico para las campañas del Ejército del Norte. En uno de los pasillos hay una placa que recuerda el paso del Gral. José de San Martín por este lugar. El sector norte de la estancia (de dos plantas) fue construido durante los primeros decenios del 1800. Recordemos que era un lugar clave ya que se encontraba a la vera del camino real, vía de comunicación con el Virreinato del Perú y sus zonas claves (Potosí, La Paz, Chuquisaca).
Para fines del 1800 la Estancia de Caroya dio cobijo a los primeros inmigrantes italianos que fundaron Colonia Caroya. Fue por iniciativa del presidente Nicolás Avellaneda que se incorporó mano de oibra extranjera para trabajar la tierra y desarrollar la expansión agroindustrial que convirtió a la Argentina en uno de los principales productores de materias primas. Los trabajadores italianos se hicieron camino en una tierra que muchas veces les fue hostil, pensemos, por ejemplo en la infame "Ley de Residencia" o "Ley Cané" promulgada a comienzos del SXX que pretendía mantener a raya las luchas por mejores condiciones laborales so pena de repatriar a los inmigrantes a sus lugares de origen.
De todas formas y sin ánimo de alejarnos del valor histórico de esta excepcional propiedad, podemos decir que Caroya engloba, como pocos lugares, buena parte del pasado colonial, los primeros años como nación y los albores del estado moderno.
Jesús María
Pocas estancias tienen la belleza de esta construcción. A lo lejos se recorta su silueta en el horizonte, llama la atención la cúpula blanca de su iglesia (comenzada por el padre Bianchi y continuada por su sucesor, el padre Prímoli), bajo la advocación de San Isidro labrador, aunque en época jesuítica su patrona fuera la Inmaculada Concepción de María. Llama la atención las dimensiones del templo y las molduras, que se encuentran en la cúpula y en los laterales. Predomina el color celeste que contrasta a la perfección con el blanco.
El casco es realmente bellísimo, con una hermosa escalera que conduce a las dependencias del primer piso (donde antiguamente se encontraban los baños, las habitaciones y el comedor o refectorio). Ahora están las salas de exposición del Museo Jesuítico de Jesús María, verdaderamente interesantísimo, con exquisitas muestras de arte barroco. Vale la pena señalar las piezas provenientes de las misiones guaraníes y los santos y cristos con "ojos de cascarón", que parecen tener vida. La idea de las tallas e imagenes era la de provocar sentimientos en el indígena, una forma de llegar sin necesidad de palabras. El barroco fue un instrumento de sumo valor para los padres de la Compañía.
En cuanto a la producción, el establecimiento contaba con esclavos negros y producía, entre otras cosas, trigo, maíz, y vino. El producto por excelencia de la actividad vitivinícola fue el llamado "Lagrimilla", primer vino americano servido en la mesa del monarca español. También se fabricaban velas y había curtiembres, huertas y telares.
La belleza de Jesús María radica en su doble sentido, tanto material como espiritual. Muy pocas construcciones reúnen tanto significado. Queda todavía mucho por recorrer. Estamos desandando el camino.
Construidas a lo largo del siglo XVII y XVIII, se convirtieron (junto con la Candelaria, Santa Catalina, Alta Gracia y San Ignacio de los Ejercicios, hoy casi desaparecida) en la base económica de la orden de Loyola en estas tierras. Para 1613, los jesuitas tenían instalada una Universidad y era necesario mantenerla. Para ello adquirieron establecimientos rurales (algunas veces mediante la compra, otras, mediante donaciones).
Caroya
La estancia de Caroya fue la primera estancia fundada por los padres de la Compañía. Fue adquirida en 1616 y en 1624 lograron expandirse gracias a lo que se denominaba "Merced de Tierra", es decir, una especie de donación (aprobada por las autoridades) de terreno que se otorgaba a ciertas personas o instituciones religiosas que debían probar honradez y valores de buen cristiano. En 1661, debido a problemas financieros y de manejo de la estancia, fue vendida al Presbítero Ignacio Duarte y Quirós, quien al poco tiempo después (en 1687) decidió donar el establecimiento para el sostenimiento del Colegio de Nuestra Señora de Monserrat del cual fue su fundador.
Casualmente, el día en que visitamos la casa de Caroya (2 de febrero) se cumplían 308 años del fallecimiento de Duarte y Quirós (2 de febrero de 1703).
Caroya es un lugar simple. Es una estancia rústica, despojada, sobre todo su capilla, que se conserva tal como fue proyectada en el s XVII, con paredes de piedra, dinteles de quebracho, herrería artesanal y muy poca decoración (la cual no es la misma que al momento de la expulsión). El patio central es de líneas puras, decididamente colonial, con un aljibe en el centro y con paredes de un blanco inmaculado que hacen juego con los tirantes de madera del techo. Las tejas musleras, los ruidos, el crugido de la madera y el olor a lo añejo completan el escenario y nos transportan.
Siguiendo a algunos autores, al momento de la expulsión, la Estancia contaba con 164 esclavos negros, 900 cabezas de ganado vacuno y algunos equinos (datos extraídos del libro "El legado de los Jesuitas en Córdoba".La Voz del Interior.2000).
A principios del SXIX el establecimiento pasó a convertirse en la primera fábrica de armas blancas (espadas, sables y bayonetas) del país, suministrando material armamentístico para las campañas del Ejército del Norte. En uno de los pasillos hay una placa que recuerda el paso del Gral. José de San Martín por este lugar. El sector norte de la estancia (de dos plantas) fue construido durante los primeros decenios del 1800. Recordemos que era un lugar clave ya que se encontraba a la vera del camino real, vía de comunicación con el Virreinato del Perú y sus zonas claves (Potosí, La Paz, Chuquisaca).
Para fines del 1800 la Estancia de Caroya dio cobijo a los primeros inmigrantes italianos que fundaron Colonia Caroya. Fue por iniciativa del presidente Nicolás Avellaneda que se incorporó mano de oibra extranjera para trabajar la tierra y desarrollar la expansión agroindustrial que convirtió a la Argentina en uno de los principales productores de materias primas. Los trabajadores italianos se hicieron camino en una tierra que muchas veces les fue hostil, pensemos, por ejemplo en la infame "Ley de Residencia" o "Ley Cané" promulgada a comienzos del SXX que pretendía mantener a raya las luchas por mejores condiciones laborales so pena de repatriar a los inmigrantes a sus lugares de origen.
De todas formas y sin ánimo de alejarnos del valor histórico de esta excepcional propiedad, podemos decir que Caroya engloba, como pocos lugares, buena parte del pasado colonial, los primeros años como nación y los albores del estado moderno.
Jesús María
Pocas estancias tienen la belleza de esta construcción. A lo lejos se recorta su silueta en el horizonte, llama la atención la cúpula blanca de su iglesia (comenzada por el padre Bianchi y continuada por su sucesor, el padre Prímoli), bajo la advocación de San Isidro labrador, aunque en época jesuítica su patrona fuera la Inmaculada Concepción de María. Llama la atención las dimensiones del templo y las molduras, que se encuentran en la cúpula y en los laterales. Predomina el color celeste que contrasta a la perfección con el blanco.
El casco es realmente bellísimo, con una hermosa escalera que conduce a las dependencias del primer piso (donde antiguamente se encontraban los baños, las habitaciones y el comedor o refectorio). Ahora están las salas de exposición del Museo Jesuítico de Jesús María, verdaderamente interesantísimo, con exquisitas muestras de arte barroco. Vale la pena señalar las piezas provenientes de las misiones guaraníes y los santos y cristos con "ojos de cascarón", que parecen tener vida. La idea de las tallas e imagenes era la de provocar sentimientos en el indígena, una forma de llegar sin necesidad de palabras. El barroco fue un instrumento de sumo valor para los padres de la Compañía.
En cuanto a la producción, el establecimiento contaba con esclavos negros y producía, entre otras cosas, trigo, maíz, y vino. El producto por excelencia de la actividad vitivinícola fue el llamado "Lagrimilla", primer vino americano servido en la mesa del monarca español. También se fabricaban velas y había curtiembres, huertas y telares.
La belleza de Jesús María radica en su doble sentido, tanto material como espiritual. Muy pocas construcciones reúnen tanto significado. Queda todavía mucho por recorrer. Estamos desandando el camino.
A la vera del Camino Real- Estancias de Jesús María y Caroya. Vol. 1 (Fotos)
Fachada principal de la Estancia de Jesús María
Una de las alas de la Estancia de Jesús María.
Detalle de la fachada.
Rejas del ingreso.
Iglesia de San Isidro Labrador (Bianchi-Prímoli.s.XVIII)
Habitaciones del primer piso
Detalle de los Contrafuertes.
Galería de la Bodega.
Muro.
Espadaña (campanario)
Una de las alas de la Estancia de Jesús María.
Detalle de la fachada.
Rejas del ingreso.
Iglesia de San Isidro Labrador (Bianchi-Prímoli.s.XVIII)
Habitaciones del primer piso
Detalle de los Contrafuertes.
Galería de la Bodega.
Muro.
Espadaña (campanario)
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Va con onda
Hace 400 años los habitantes de la Villa de Córdoba vivián, trabajaban, estudiaban, y tenían momentos de ocio a la usanza de la época. Los nombres no fueron la excepción a la regla y como ejemplo basta un botón:
Don ANFILOQUIO Villagra
Doña DOMITILA Vélez de Carmona
Don CELANOR Ortíz...
Perlitas que vale la pena sacar a la luz y que hoy nos despiertan curiosidad y a la vez respeto por aquellos seres anónimos que fueron parte de una época.
Si aún no han definido un nombre para sus hijos, nosotros podemos ayudarlos. Va con onda...
Don ANFILOQUIO Villagra
Doña DOMITILA Vélez de Carmona
Don CELANOR Ortíz...
Perlitas que vale la pena sacar a la luz y que hoy nos despiertan curiosidad y a la vez respeto por aquellos seres anónimos que fueron parte de una época.
Si aún no han definido un nombre para sus hijos, nosotros podemos ayudarlos. Va con onda...
Una donación importante.
Cuenta la historia que Don Manuel Cabrera (nieto de Don Jerónimo Luis de Cabrera, fundador de Córdoba) viajó a Europa junto al Padre jesuita Gaspar Sobrino, quien iba a Roma para desempeñarse como Procurador de la Orden de Loyola.
Tras fuertes tempestades y ataques de piratas holandeses que acechaban a los galeones españoles, cargados de oro, plata y esclavos, Don Manuel pensó en la casi segura zozobra. Ante tan angustiante situación realizó una promesa: si salía con vida de esa travesía donaría quince mil ducados de oro a la Compañía de Jesús para la construcción de un templo en el caserío llamado Córdoba de la Nueva Andalucía e ingresaría a la Orden.
El terrible cruce del Océano Atlántico fue exitoso, y tuvo que cumplir con su palabra...
Hacia 1638 la Compañía contaba con el dinero pero por desidia o falta de mano de obra se demoró el inicio de la construcción. Los propios familiares de Cabrera reclamaron la pronta concreción del proyecto.
Sin mayores datos ni detalles, se desconoce la fecha exacta del inicio de las obras del templo de la Compañía de Jesús.
Tras fuertes tempestades y ataques de piratas holandeses que acechaban a los galeones españoles, cargados de oro, plata y esclavos, Don Manuel pensó en la casi segura zozobra. Ante tan angustiante situación realizó una promesa: si salía con vida de esa travesía donaría quince mil ducados de oro a la Compañía de Jesús para la construcción de un templo en el caserío llamado Córdoba de la Nueva Andalucía e ingresaría a la Orden.
El terrible cruce del Océano Atlántico fue exitoso, y tuvo que cumplir con su palabra...
Hacia 1638 la Compañía contaba con el dinero pero por desidia o falta de mano de obra se demoró el inicio de la construcción. Los propios familiares de Cabrera reclamaron la pronta concreción del proyecto.
Sin mayores datos ni detalles, se desconoce la fecha exacta del inicio de las obras del templo de la Compañía de Jesús.
Ni me di cuenta... está bueno che!!
Detalle
MANZANA DE LAS LUCES...
DINTEL
PIEDRA SAPO
A fines del SXIX fue residencia particular y pasó a convertirse en un hotel.
Popurri: Inquietudes, proyectos, agradecimientos y otras yerbas.
Hola a Todos!!!. Después de algunas semanas sin escribir, acá estamos de nuevo. Es interesante que conozcan un poco nuestra cocina, es decir, lo que nos va pasando a la hora de transmitir un caudal de material obtenido de nuestra permanente investigación. No vamos a negar que infinidad de veces se nos hace difícil decidir como encausar 400 años de material. Décadas más, décadas menos, que va.
Para muchos, esto puede ser básico, elemental. Pero para una gran mayoría, es importante descubrir secretos que el pasado tiene ocultos, hasta que alguien redescubre pequeños o grandes acontecimeintos que, en definitiva, hacen a los orígenes, a la esencia, aunque sea en parte, de nuestra vida.
En nuestro trabajo también encontramos algunas curiosidades que nos resultan divertidas, lógicamente vistas e imaginadas desde el siglo XXI. Un nombre, un personaje, un relato, una costumbre, una fiesta, un acontecimiento socio-político, un casamiento, un nacimiento... Todo toma una dimensión mil veces mayor. Claro, estamos mirando a través de la lupa de la historia, muchas veces mágica y que parecen repetirse una y otra vez a lo largo de los siglos.
Vaya nuestro agradecimiento a la Comisión de Recuperación Artísitica Religiosa (CReAR), Obispado de Jujuy- Prelatura de Humahuaca por su generoso estímulo y por abrirnos generosamente las puertas a su bibliografía y por brindarnos los contactos necesarios para acceder a personas que nos ayuden en esta tarea. Por ende compartimos con ustedes que también estamos investigando la huella jesuítica en la provincia de Jujuy. En próximas publicaciones seguiremos brindándoles el rico material que estamos recopilando. Vaya nuestro afectuoso saludo a la Arq. Viviana Ybrán.
Para muchos, esto puede ser básico, elemental. Pero para una gran mayoría, es importante descubrir secretos que el pasado tiene ocultos, hasta que alguien redescubre pequeños o grandes acontecimeintos que, en definitiva, hacen a los orígenes, a la esencia, aunque sea en parte, de nuestra vida.
En nuestro trabajo también encontramos algunas curiosidades que nos resultan divertidas, lógicamente vistas e imaginadas desde el siglo XXI. Un nombre, un personaje, un relato, una costumbre, una fiesta, un acontecimiento socio-político, un casamiento, un nacimiento... Todo toma una dimensión mil veces mayor. Claro, estamos mirando a través de la lupa de la historia, muchas veces mágica y que parecen repetirse una y otra vez a lo largo de los siglos.
Vaya nuestro agradecimiento a la Comisión de Recuperación Artísitica Religiosa (CReAR), Obispado de Jujuy- Prelatura de Humahuaca por su generoso estímulo y por abrirnos generosamente las puertas a su bibliografía y por brindarnos los contactos necesarios para acceder a personas que nos ayuden en esta tarea. Por ende compartimos con ustedes que también estamos investigando la huella jesuítica en la provincia de Jujuy. En próximas publicaciones seguiremos brindándoles el rico material que estamos recopilando. Vaya nuestro afectuoso saludo a la Arq. Viviana Ybrán.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)